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¿Triunfo feminista como puro sarcasmo?

Los medios insisten en las malas noticias antes que en las buenas porque prestan una atención excesiva a la vida privada y porque reducen la presentación de las causas a los elementos más mediáticos. Es el caso del polémico nombramiento de la Ministra de Defensa Carme Chacón. Los diversos atributos y calificaciones como “la del bombo”, o poner en tela de juicio si el triunfo feminista del Gobierno de Zapatero es “pura mofa”, no hacen más que desprestigiar a las féminas de este país, entre las cuales me incluyo.  Es evidente que se las juzgó antes de prometer. Pero las duras críticas no sólo se dirigieron a Chacón, sino que además a Aído se la calificó bajo la denominación de “flamenquita”. Un asalto a sus raíces, a su lugar de origen y por tanto, a su nacionalidad. La verdad es que cuando leí estas declaraciones me indigné, como probablemente le ocurrió a la mayoría de mujeres de este país, no sólo por poner en cuestión la capacidad de una mujer para ocupar un cargo que ha sido ocupado -en gran medida por hombres-; también incluso por llegar a opinar que el presidente parece querer utilizar a la “ministra-trampa” para hacer propaganda política.  ¿A esto le llaman progresar? A esto le llaman país políticamente “democrático”? Las luchas por la igualdad de género se han visto infringidas de nuevo y esto me apena.

 

No obstante, me alegró leer un artículo publicado por Inmaculada Navarrete en ABC en el que decía: “las estadísticas no engañan: hoy tras el largo trecho que va de Isabel I de Castilla a Carme Chacón de los Ejércitos, la mujer española está mejor preparada profesionalmente para gobernar el Estado”. Estoy completamente de acuerdo, pues fueron muchas las pugnas dirigidas y vencidas por Isabel de Castilla, para defender la patria de nuestro país.

 

Creo por lo tanto, que es una gran idea que en el gobierno haya mujeres y en estos días lo que tendría que ser noticia es que una mujer joven y a punto de ser madre esté al frente del Gobierno. Será que las mujeres también somos inteligentes y capaces de llevar tales cargos.

 

 

 

 

 

 

Qué es mejor: ¿informar o entretener?

  Los principios deontológicos del periodismo priman sobre todo en la veracidad de los hechos y el tratamiento objetivo de los mismos. Sin embargo, nos damos cuenta que el discurso periodístico en ocasiones oscila entre los hechos y las opiniones de los periodistas, creando unas “informaciones” que, posteriormente, se convierten en verdades de hecho. Los discursos periodísticos aunque pretenden ser precisos y prudentes, suelen transformarse en dubitativos e interpretativos, mostrándonos una visión parcial de los hechos; sin ir más lejos un claro ejemplo lo encontramos en el caso comentado en clase sobre las muertes provocadas por la enfermedad derivada de “Las Vacas locas”. Aunque existen muchas comunidades interpretativas, los medios suelen aproximarse a las interpretaciones dominantes y que producen consenso, pues ante todo deben adaptarse a los patrones culturales de la audiencia. Asimismo, los medios también construyen la identidad, creando un lenguaje etnocentrista, para que el destinatario pueda comprender el mensaje fácilmente. Dicho etnocentrismo se ha creado a lo largo de nuestra vida, en contacto con el resto de personas, y a partir del mismo, vamos a poder dar sentido a un mundo cada vez más complejo e intercultural.  El etnocentrismo nos conduce muchas veces a que los propios periodistas desarrollen un discurso estereotipado y prejuicioso. Éstos nos sirven como instrumentos que nos van a ayudar a reducir la complejidad, o bien a dar sentido a todo aquello a lo que no tenemos acceso. Así por ejemplo, no podemos acceder y conocer los hechos sobre una explosión que se acaba de producir en la ciudad de Bagdad. Ante esta situación nos sentimos ignorantes, nos invade la incertidumbre, el sin sentido, ¿a qué se debe dicha explosión? No tenemos información y lo más fácil es imaginar. Aquí es cuando adquirimos ideas preconcebidas que por supuesto son negativas, y que se nos han impuesto anteriormente por los propios medios; sabemos que Bagdad convive con una situación política difícil y por lo tanto concluimos afirmando que: “la explosión debe haberse producido por un atentado”. Ahora nos convertimos en los seres más felices del mundo, poseemos toda la información, nuestra realidad tiene de nuevo un sentido.    Otro claro ejemplo lo tenemos en la imagen tercermundista que nos ofrecen los medios sobre los países del Sur de América, y más aún coincidiendo con la situación por la que están pasando estos países ante la llegada de huracanes. Los medios utilizan imágenes y un lenguaje que potencia al máximo el dramatismo de los hechos. Qué buscamos, ¿sensacionalismo o información? Otros ejemplos que actualmente están muy presentes en los medios es la manera en que plantean la cultura sahariana. Se centran en sus problemas sociales, en sus catástrofes, en los problemas políticos, en la violencia desmesurada...está claro que estas informaciones son ciertas, pero me sorprende la falta de información sobre dicha cultura: sus cualidades exóticas, sus extravagancias, sus incongruencias... No hay duda que en los medios se nos muestra una imagen mezquina, miserable y sórdida de dicha cultura: la llegada de ilegales a nuestras costas, conflictos políticos internos en Irak... son algunos de los titulares que agrupan los medios sobre esta cultura.  Es obvio que la principal tarea del periodismo es informar pero ¿por qué las informaciones que se publican en España sobre estos países hacen referencia únicamente a tragedias y guerras? ¿Por qué cuándo nos hablan del continente africano sentimos compasión y angustia? Es obvio que no conozco dicho país; por consiguiente, ese sentimiento se me ha introducido por imágenes que haya podido observar por televisión u otros medios. ¿Por qué no se buscan noticias positivas sobre estos países?  Los medios de comunicación y el uso que hacen -muchas veces inconsciente- de la interculturalidad, ofrecen ejemplos en los que el reconocimiento de la diferencia se articula con las definiciones de desigualdad y diferencia cultural. Esta diferencia, constitutiva de las personas, provoca la imaginación social. La mayoría de nosotros compaginamos la intercomunicación de los medios con las relaciones de nuestro entorno y con nuestro ámbito social más inmediato. Cuanto más próximos a la información, más reforzaremos los rasgos de identidad en esta sociedad más local y global hacia la que caminamos. Está claro que mediante los estereotipos, los medios de comunicación tienen más facilidad para comunicarse con las audiencias, pues de esta manera el malentendido es menor y por lo tanto, ante la posición de Berger y Luckmann “la crisis de sentido” que podamos sentir es menor. A través de las tristes imágenes de África, Sur América y la cultura sahariana no sólo hemos dado sentido a la realidad de forma instantánea, sino que además nos ha permitido clasificar de acuerdo con un orden social.  A través de los ejemplos planteados y que a menudo aparecen en los medios, el periodismo incluye interculturalidad en sus discursos. En la vida cotidiana, el trato que los medios han mostrado con las culturas anteriormente citadas –africana, suramericana y sahariana-, puede ser utilizado como excusa para desarrollar políticas discriminatorias. Sus conflictos sociales pueden llegar a inventar o crear diferencias culturales que conducirían nuevamente a la exclusión de esa cultura o culturas.  

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